En el año 2010, una fotografía y una canción provocaron que un profesor pensara qué futuro nos esperaría si ante las guerras, las injusticias y el sufrimiento nos quedásemos con los brazos cruzados como hasta ahora. Entonces, acudió a clase de bachillerato con la canción y la fotografía retumbando en su cabeza. Después de un rato paró la clase. Les explicó cuál era su sentimiento. Encendió el proyector, puso la imagen y la canción. Los estudiantes enmudecieron. Un dolor inmenso recorrió a ese grupo de estudiantes y entonces, el profesor les preguntó: ¿No vamos a hacer nada?¿Vamos a permitir que esto ocurra sin mover un dedo?
Desde aquel año de 2015 han pasado muchas cosas. Han sido cuatro años de dolor, esfuerzo, ilusión y trabajo. Cuatro años que han permitido que decenas de jóvenes se hayan concienciado de la injusticia instalada en el mundo y sobre todo se han dado cuenta de que pueden hacer algo para cambiarlo. Los migrantes; los amantes del ser humano, al margen de su género; las mujeres esclavas sexuales; el racismo y la xenofobia, han sido los temas vertebradores durante este proceso.
Actualmente y después de habernos constituido como Asociación, necesitamos construir un mundo mejor formando a nuestros estudiantes como activistas y voluntarios en África. Necesitamos ayuda económica para que estos jóvenes, la mayoría sin recursos suficientes, puedan conocer diferentes proyectos humanitarios en África y aprendan el valor de lo que están aprendiendo, se formen como defensores en DDHH y que se conviertan en los garantes de un mundo esperanzador alejado de racismo, xenofobia, homofobia o esclavitud. Aquella canción era “​Sólo le pido a Dios”, cantada por Mercedes Sosa.

2015: Nuestro primer año

El grupo en sí comenzó por iniciativa de un profesor y por la enorme acogida que tuvo su propuesta por parte de un número muy numeroso de estudiantes del centro. Durante el primer curso estuvimos trabajando el tema de los refugiados de la guerra en Siria. Fue una noticia desgarradora, las imágenes eran terribles, miles y miles de personas huyendo de un país hasta poco tiempo antes próspero y desarrollado. Se decidió que el nombre del grupo de derechos humanos sería: “El hilo de Ariadna”. Queríamos ser el hilo que permitía a los perdidos en la injusticia, la guerra, la pobreza o la incomprensión, salir del laberinto en el que se encontraban. Queríamos salvar, mejorar la vida de los humillados y desprotegidos.
Lo primero que hicimos es buscar una ONG con la cual colaborar, a la que entregar nuestro dinero que conseguíamos con la venta de entrada de los ​video fórums, ​películas, conferencias y con la venta de pulseras. Recaudamos dinero suficiente para mandárselo a la ONG “​Proactiva open arms​”. El dinero recaudado fue suficiente para pagar la estancia en una isla griega durante una semana durante la cual pudieron salvar a 54 personas.
Aquello fue el principio de un sueño hecho realidad. Un grupo de estudiantes estaban consiguiendo mejorar la vida de personas que estaban sufriendo. Nuestro objetivo se estaba cumpliendo. Al año siguiente teníamos que seguir.